José
(Eduardo Verástegui), malvive en la ciudad de Nueva York como
cocinero de un restaurante latino. Ex futbolista, un trágico
accidente del cual él es culpable, truncó su carrera
profesional, no puede perdonarse a sí mismo. Nina es una joven
estadounidense a la que un embarazo no deseado le pone en una
complicada y difícil situación. Ambos se conocen en el
restaurante. Lo que comienza como un gesto de amabilidad y
solidaridad, terminará siendo el comienzo de algo muy verdadero.
Nos
encontramos ante una película muy pequeña que se ha hecho
grande. Comenzó su andadura en 2007 como cinta independiente,
del realizador mejicano afincado en EEUU Alejandro Gómez
Monteverde. Cuando el guión llegó a manos de Steve McEveety (el
productor de Brave Herat y La Pasión), decidió involucrarse en
el proyecto por su alto contenido de transmisión de valores. Y
es que la productora del mejicano, Metanoia Films, surgió con la
clara vocación de producir películas que contengan valores
edificantes y contribuyan a una mejora de la visibilidad de la
cultura latina que tan caricaturizada está en EEUU. Gracias a
este apartado la película ha conseguido el apoyo de dos grandes
latinos afincados en USA: Alejandro Sanz y Paulina Rubio. Su
estreno allí fue bastante comedida, pero conforme iban pasando
las semanas el boca a boca, fue haciendo crecer la película,
sobre todo entre los hispanos, llegando a triplicar el número de
copias. Seleccionado en multitud de festivales y muy premiada,
llega ahora a nuestras pantallas españolas.
Esta
película posee muchos puntos interesantes, como este de intentar
poner a la comunidad latina en un plano de respetabilidad para
contrarrestar la imagen que los americanos tienen de nuestra
cultura, pero lo realmente interesante es lo libre que vuela en
temas tan controvertidos como el del aborto.
Abiertamente provida, la cinta puede gustar más o menos, pero
desde luego apuesta por ir contracorriente, sin miedo a ser
políticamente incorrecta o a que la tilden de blandita y
cursilona. Bella, es una película bella… Esperanzadora,
reflexiva, tierna.
Las
interpretaciones resultan convincentes y muy creíbles, mostrando
la cara y cruz de toda relación humana y dibujando un paisaje
humano en el que destaca por encima de toda la capacidad de
redención del ser humano.
Con
bastante sencillez y naturalidad, el relato avanza y convence
sin excesivos moralismos que empañaría el mensaje de verdad que
lleva dentro: a pesar de los pesares, la vida es bella. Y aunque
suene muy cursi, a todos nos toca redescubrir esa belleza,
incluso en el feo día a día.
Algún
altibajo del guión (una extraña desaparición de la protagonista
del film en mitad de la cinta) denotan cierto toque de
inexperto, pero el buen hacer de los actores (sobre todo de
ella) lo disimulan
Eva
Latonda (Pantalla 90)
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