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Antes de entrar en esta cuestión, puede ser útil
tener presente que el mismo san Pablo distingue dos maneras de conocer a Jesús
y, más en general, dos maneras de conocer a una persona.
En la segunda carta a los
Corintios escribe: "Así que en adelante ya no conocemos
a nadie según la carne. Y si conocimos a Cristo según la
carne, ya no le conocemos así" (2 Co 5, 16). Conocer
"según la carne", de modo carnal, quiere decir conocer
sólo exteriormente, con criterios externos: se puede
haber visto a una persona muchas veces, conocer sus
rasgos y los diversos detalles de su comportamiento:
cómo habla, cómo se mueve, etc. Y sin embargo, aun
conociendo a alguien de esta forma, no se le conoce
realmente, no se conoce el núcleo de la persona. Sólo
con el corazón se conoce verdaderamente a una persona.
De hecho los fariseos y
los saduceos conocieron a Jesús en lo exterior,
escucharon su enseñanza, muchos detalles de él, pero no
lo conocieron en su verdad. Hay una distinción análoga
en unas palabras de Jesús. Después de la
Transfiguración, pregunta a los Apóstoles: "¿Quién dice
la gente que soy yo?" y "¿quién decís vosotros que soy
yo?". La gente lo conoce, pero superficialmente; sabe
algunas cosas de él, pero no lo ha conocido realmente.
En cambio los Doce, gracias a la amistad, que implica
también el corazón, al menos habían entendido en lo
sustancial y comenzaban a saber quién era Jesús. También
hoy existe esta forma distinta de conocer: hay personas
doctas que conocen a Jesús en muchos de sus detalles y
personas sencillas que no conocen estos detalles, pero
que lo conocen en su verdad: "El corazón habla al
corazón". Y san Pablo quiere decir esencialmente que
conoce a Jesús así, con el corazón, y que de este modo
conoce esencialmente a la persona en su verdad; y
después, en un segundo momento, que conoce sus detalles.
Dicho esto, queda aún la
cuestión: ¿Qué sabía san Pablo de la vida concreta, de
las palabras, de la pasión, de los milagros de Jesús?
Parece seguro que nunca se encontró con él durante su
vida terrena. A través de los Apóstoles y de la Iglesia
naciente, seguramente conoció también detalles de la
vida terrena de Jesús. En sus cartas encontramos tres
formas de referencia al Jesús prepascual. En primer
lugar, hay referencias explícitas y directas. San Pablo
habla de la ascendencia davídica de Jesús (cf. Rm 1, 3),
conoce la existencia de sus "hermanos" o consanguíneos
(1 Co 9, 5; Ga 1, 19), conoce el desarrollo de la última
Cena (cf. 1 Co 11, 23), conoce otras palabras de Jesús,
por ejemplo sobre la indisolubilidad del matrimonio (cf.
1 Co 7, 10 con Mc 10, 11-12), sobre la necesidad de que
quien anuncia el Evangelio sea mantenido por la
comunidad, pues el obrero merece su salario (cf. 1 Co 9,
14 con Lc 10, 7); san Pablo conoce las palabras
pronunciadas por Jesús en la última Cena (cf. 1 Co 11,
24-25 con Lc 22, 19-20) y conoce también la cruz de
Jesús. Estas son referencias directas a palabras y
hechos de la vida de Jesús.
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